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Darío Villanueva, secretario de la RAE, habla de los neologismos en el lenguaje tecnológico. :: Elvira Megías
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La RAE y los neologismos tecnológicos

Darío Villanueva, secretario de la RAE: "El Diccionario no inventa, sino que certifica"

13/06/2012 - 12:32
- Verónica Mellado
 
Las mal denominadas nuevas tecnologías están cambiando el mundo. Y no solo han logrado modificar nuestros hábitos de vida, sino que han logrado transformarla desde un punto de vista conceptual.Ya no entendemos el 'ser' sino como un ser social, con presencia digital y que busca su firma en buscadores para corroborar la reputación de su perfil virtual. Somos el yo físico y el yo de nuestras cuentas en Twitter, Facebook, Tuenti o Linkedin.
En definitiva, nuestro modo de comunicarnos ha cambiado y con él los usos lingüísticos asociados a nuestra actividad virtual.La eterna cuestión de la lengua como antecedente del pensamiento humano cobra hoy más importancia que nunca. Un idioma es tan rígido o puede resultar tan adaptable como sus hablantes sean capaces de asumir y los organismos de control lingüística de justificar o rechazar.
Aunque son varios los organismos de control y observación de los lenguajes especializados, el lenguaje tecnológico, que es un tipo de lenguaje científico, por su naturaleza y características especiales requiere una atención especial. Son muchos los neologismos acuñados en poco margen de tiempo de adaptación y otros tantos barbarismos, sobre todo anglosajones, que se anticipan a nuestro idioma y gracias o por culpa, precisamente, de la globalización que procuran los medios virtuales, exportan su terminología sin filtro previo debido a la inmediatez que exigen sus hablantes.
La RAE nos guía, pero somos los castellano parlantes quienes tenemos la palabra final. Ellos toman nota.
Don Darío, secretario de la RAE, es catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Santiago de Compostela, de la que fue rector. Hablamos con él de neologismos, barbarismos y los fenómenos lingüísticos asociados a la inmediatez de la evolución de la era de la nueva comunicación.
-¿Qué pautas se siguen para introducir en el diccionario un nuevo término de uso cotidiano, como ha sucedido recientemente con la palabra tableta?
-La RAE sigue las mismas pautas con todos los neologismos o extranjerismos. Detecta su uso; registra en sus bases de datos todas las 'ocurrencias' que el nuevo término tenga, tanto en el español peninsular como en el transoceánico; espera un periodo razonable de tiempo para asegurarse de que no se trata de un uso efímero (que los hay); finalmente, aborda su incorporación al diccionario con la intervención  técnica del Instituto de Lexicografía, las distintas comisiones formadas por los académicos y finalmente la consulta a las academias americanas y filipina. En relación al ejemplo concreto por el que se nos pregunta, evidentemente una vez que tableta es la forma aceptada en el DRAE, 'tablet' debe ser considerada incorrecta.
-Muchos de estos usos, además, provocan confusiones de género. Por ejemplo, ha sido frecuente escuchar y leer 'la tablet' o 'el tablet' en más de un artículo… ¿Cómo se resuelve el problema de género con los barbarismos?  
-Con 'tablet' se daba también otra alteración grave de la prosodia del español: el plural 'tablets' (el grupo de las dos consonantes finales es espurio para nosotros). Los barbarismos deben dejar de serlo necesariamente para entrar en el Diccionario. Y los extranjerismos son acomodados hasta donde es posible a la prosodia, la ortografía y la morfología del español, siempre que el uso popular mayoritario así lo consagre. De otro modo, el DRAE recogerá lo que se llama 'extranjerismo crudo', es decir, una forma propia de otra lengua reproducida tal cual en la nuestra y escrita en letra cursiva. Otra cosa es, por supuesto, lo que ocurra con ella en el español hablado. Un ejemplo: 'güisqui' no ha conseguido imponerse en la lengua escrita a 'whisky', y el DRAE recoge las dos formas.
-¿Cómo puede el hablante distinguir si los neologismos que utilizamos relacionados con las nuevas tecnologías y el negocio digital son términos que permanecerán o se quedarán en modas pasajeras?
-Solo un hablante con capacidades proféticas puede llegar a tanto. Hay algo de impredecible, incluso de misterioso, en el proceso por el que unos neologismos o extranjerismos arraigan y otros no. Hay los que comienzan con una fuerza arrolladora; están en boca de todos, pero luego se desinflan y son olvidados. Por otra parte, la propia tecnología avanza tan velozmente que convierte en obsoletos términos por ella misma impuestos. En el DRAE está la palabra 'módem', Aparato que convierte las señales digitales en analógicas para su transmisión, o a la inversa. ¿Quién la usa hoy? Nadie, porque la operación mencionada hoy ya no se hace a través del módem.
-Conceptos como 'dashboard'  o 'webinar', ¿deberíamos adaptarlos al castellano?
-No merece la pena hacer ninguna propuesta de parte para términos tan específicos de la jerga informática y digital. La lengua se autorregula; esperemos. Fue una pena que aquella propuesta, tan ingeniosa, de denominar a los 'e-mails' 'emilios' no fructificara. Y lo que se ha impuesto es correo electrónico, que es más largo pero funciona. Por eso 'e-book' puede ser, correlativamente, 'libro electrónico', si bien designa tanto el dispositivo como la obra. Pero también la palabra 'libro', a secas, significaba las dos cosas; unos escribían libros, y otros los quemaban.
-Algunos sufijos de origen inglés han tenido una gran acogida. Este es el caso de '-ing'. Conceptos como 'shopping' o 'footing' (con una acepción distinta en inglés) se utilizan en conversaciones, artículos e incluso obras literarias con la misma frecuencia con la que verbos de origen anglosajón se  adaptan al idioma añadiendo nuestro sufijo de primera conjugación '-ar' (anterior caso citado de 'webinar' o 'submitar') o incluso palabras en castellano se convierten al inglés añadiendo el sufijo citado 'vueling'. ¿Es este un modo de enriquecer el lenguaje con nuevas formas de composición morfológica y semántica?
-Los idiomas están cambiando continuamente. Todos, y el español no es una excepción. La influencia de una lengua sobre otra se manifiesta primeramente en el léxico: los préstamos lingüísticos. En Fonética son prácticamente imposibles, pero también pueden darse en morfología y sintaxis, muchas veces por la injerencia de construcciones sintácticas y fórmulas de derivación que constituyen auténticos barbarismos. Es cuando, además del diccionario, interviene la Gramática normativa, como la que la RAE y las otras Academias de ASALE publicaron en diciembre de 2009, de la que hay por cierto tres versiones: la extensa, el manual y la básica. Sobre todo a partir de esta última el sistema educativo es el arma más eficaz para evitar la contaminación. Y siempre está el papel de los medios de comunicación, tanto los escritos como los audiovisuales.
-'Software' y 'hardware' han adquirido con el uso en nuestro idioma un significado cuyas posibles traducciones no han sido capaces de asimilar, ¿por eso las recoge el diccionario de RAE pese a tratarse de voces inglesas?
-Así es, exactamente. La comunidad hispanohablante no ha encontrado traducción ni equivalencia, por lo que el DRAE recoge las dos palabras pese a que prosódica e incluso fonéticamente son puñeteras. El Diccionario no inventa, sino que certifica.
-En definitiva, la terminología relacionada con las nuevas tecnologías se encuentra en constante cambio y evolución ¿cómo podemos adaptarnos los medios de comunicación a esos cambios?, ¿qué normas debemos seguir para elaborar un libro de estilo adecuado?
-Muchas veces el que da el primer golpe es el que lleva ventaja. Si un medio usa por primera vez uno de estos términos y hace un esfuerzo de traducirlo razonablemente o de adaptarlo prosódica y fonéticamente, puede seducir a los hispanohablantes para que lo hagan suyo y la bola de nieve empiece a correr. De ahí la enorme responsabilidad de los medios para contribuir a la lengua. En cuanto a las normas, la RAE acaba de publicar sus Gramáticas y su Ortografía panhispánicas (consultadas con las otras 21 corporaciones de ASALE). La 21ª edición del DRAE data de 2001, pero en su versión en línea, que se consulta al mes casi cien millones de veces, ha habido cuatro incorporaciones de enmiendas y la quinta está lista para antes del verano. La 23ª edición saldrá en el año del III Centenario de la RAE, en 2014.
 
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