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UNIVERSIDAD

La innovación educativa, el gran reto de las universidades vallisoletanas

16/12/2013 - 11:42
- A. G. ENCINAS
 
La UVA recibe 137 proyectos docentes innovadores y la UEMC logra la certificación del plan Docentia para mejora de la enseñanza
Innovación educativa no es tecnología. O no solo, aunque seis de cada diez aulas universitarias en España estén dotadas de proyector multimedia y conexión a Internet. Tampoco es colgar apuntes en un campus virtual, aunque el 90% del profesorado y de los estudiantes utilicen plataformas que lo permiten. Y no es solo ofrecer cursos a distancia aprovechando las nuevas tecnologías, el llamado ‘e-Learning’, por mucho que las titulaciones no presenciales ofertadas por las universidades españolas supongan ya el 8% del total
 
Innovación educativa es el siguiente paso. El que se mostró en muchos de los 137 proyectos presentados en un concurso promovido por la UVA. «Hay quien utiliza geolocalización para generar procesos de cálculo de guiado, por ejemplo. Pero en otros casos lo fuerte es el cambio metodológico. En Derecho, Javier Matía ha diseñado unas jornadas formativas que organizan los alumnos. Son ellos quienes gestionan el proceso, elaboran materiales, hacen la puesta en escena. De este modo el alumnado pone en marcha un proceso de reflexión para sacar conclusiones sobre aquello en lo que se está formando», explica Bartolomé Rubia, director del Área de Formación e Innovación de la UVA.
 
Proyectos que en realidad se pliegan a las exigencias que en su día marcó la adaptación a Bolonia, con su conversión de licenciaturas en grados y su carga de prácticas, seminarios y otras fórmulas docentes más participativas, alejadas del tradicional magisterio impuesto desde el atril. «En las primeras promociones, y la gente que venía del sistema antiguo y hacía cursos puente, había una resistencia. Es la zona de incomodidad que tienes que pasar. Pero cuando eres nativo de Bolonia, llegas en primero y ya es así, no hay esa resistencia. Hay trabajos, presentaciones, hablar en público sí o sí, muchas prácticas...», admite el vicerrector de Ordenación Académica de la Universidad Miguel de Cervantes, Juan Vicente García Manjón.
 
Las dos universidades vallisoletanas tratan de acoplarse a todos estos cambios. Se someten anualmente al escrutinio de la Conferencia de Rectores (CRUE), que emite un análisis concienzudo en su informe ‘Universitic’. Ambas cuentan con campus virtual, e incluso la UVA ha modernizado la herramienta en este último curso. El cambio más radical, sin embargo, no es el de dotar de aparatos a las facultades. Y menos ahora, cuando la última tendencia es la que propugna el profesor Manuel Area, del Laboratorio de Educación de La Laguna: ‘Bring your own device’. Dicho en castellano raso, tráete tu propio ordenador, tableta o teléfono a clase y trabaja con él. «La Universidad ha puesto a veces más o menos dinero, pero ahora todos esos ordenadores la gente ya los tiene», asegura Rubia. 
No es, por tanto, una cuestión informática. Es de método.
 
«Las aulas virtuales son espacios privados cerrados. Este tipo de construcción de aulas docentes deja mucho que desear. Reproducen las prácticas tradicionales. Es vino viejo en odres nuevos: información en pdf, powerpoint, vídeo. Colocamos apuntes. Hay poca comunicación, es un modelo expositivo de enseñanza», explicaba Manuel Area en la V Jornada sobre Innovación Educativa de la UVA. Quizá el porqué se encuentre en esta frase de Bartolomé Rubia: «La Universidad es un tren enorme que no se para, y puedes cambiar sobre la marcha algunas pequeñas cosas, pero si pretendes cambiar una rueda...». 
 
Adaptarse, pasar a esta nueva concepción de la enseñanza, resulta complicado y, al mismo tiempo, es obligado. La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y ACreditación (ANECA) inició en el 2007 un programa llamado Docentia para certificar, entre otras cosas, la cualificación del profesorado. Analiza la planificación de la docencia, su desarrollo y sus resultados. Solo la UEMC de Valladolid y la Politécnica de Valencia tienen ya la certificación, entre más de setenta universidades españolas públicas y privadas. «Evaluamos las tutorías, la innovación, la metodología», explica García Manjón. «Todo el profesorado tiene una evaluación anual en sistemas docentes», añade.
 
Ponerse al día en metodología es, por tanto, una preocupación de primer orden. Bartolomé Rubia cree que la UVA se encuentra «un paso por delante» en el el cambio de modelo que intenta acometer España tras la irrupción de Bolonia. Se basa en algunas de las experiencias que han surgido desde la propia universidad vallisoletana. «Tenemos el proyecto Acoge, de formación de maestros a partir de la conexión entre asignaturas de la Facultad de Educación, del practicum en colegios y también conectados con centros de investigación e inspectores de educación, y que además generan comunidad educativa», explica Rubia. O expone el caso de Alfredo Corell, profesor de Inmunología que ha creado una serie de cincuenta ‘píldoras educativas’. Vídeos de en torno a diez minutos en los que, apoyado por gráficos, imparte algunas de sus lecciones. En su canal de Youtube incluye un tutorial para grabar vídeos similares.
 
El gran reto

Quizá el próximo gran reto sea, como dice Manuel Area, conectar ahora todas esas innovaciones con el próximo paso. Con la enseñanza ubicua, desde cualquier lugar y a cualquier hora. Con el desarrollo de herramientas de trabajo colaborativo, como blogs y ‘wikis’. Con la interconexión entre ese campus virtual cerrado para docentes y alumnos y lo que se encuentra fuera de ese espacio. «Utilizar las TIC no solo es pensar en el espacio y el software que ofrece la  Universidad, sino que yo como profesor debería utilizar toda la maraña de servicios online que tiene Internet. El ecosistema para el estudiante debería ser total, mezclar ambas cosas», explica Manuel Area. Y García Manjón pone dos ejemplos, los recursos online de los cursos abiertos y las charlas TED.
 
Y después de eso viene aún un paso más. «La verdadera revolución es cuando se empieza con formatos a distancia y mixtos», explica el vicerrector de la UEMC. Algo que en Estados Unidos ya ha avanzado de forma espectacular. «Un artículo de una profesora americana que decía que como siguieran creciendo los campus virtuales, en diez años podían quedarse solo cincuenta grandes campus presenciales en EEUU», advierte Bartolomé Rubia. 


 
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